SILLA DE CALIDAD Y LA SALUD

SILLA DE CALIDAD Y LA SALUD

Antonio Ávila

Al escoger una silla es algo que va más allá del gusto, pues una mala elección puede tener un impacto negativo en el trabajo y también la salud.

Las oficinas, muchas veces, llegan a ser un segundo hogar, se pasan muchas horas en ella y tener una silla de buena calidad y de acuerdo a las necesidades corporales, es clave.

“Tú que trabajas en la oficina, te has preguntado, ¿cuánto tiempo a la semana pasas en la misma posición frente a tu escritorio? ¿Has terminado adolorido por tu silla de trabajo? ¿Qué consecuencias tendrás con el tiempo? ¿Es el mismo tipo de silla apta para todos los pesos corporales, anatomías, edades o condiciones físicas?

“Muchas veces no le damos tanta importancia a la silla que usamos para nuestro trabajo, lo cual es malísimo, pues pasamos tanto tiempo en ella que esta debe ofrecer funcionalidad y confort, así como un diseño que nos guste visualmente”, comenta Paulina Olivares, vocera de PM Steele.

“En PM Steele, proponemos una serie de diseños para todos los gustos, y mecanismos adecuados dependiendo el tipo de actividad que se realice. Sabemos que el cliente elije su silla la mayoría de las veces por lo estético del modelo, sin embargo pueden estar tranquilos y seguros que sin importar este, todas nuestras sillas pasan por una estricta prueba de calidad (BIFMA) para evitar en todo momento un impacto negativo en la salud del usuario”.

Una silla cómoda y ergonómica para trabajar debe ser acolchonada, estéticamente agradable, aspectos que si son importantes, pero no son las características principales para que sea funcional.

“Pasamos demasiado tiempo sentados trabajando, por lo que la recomendación es intentar acomodarse con las piernas a noventa grados y tener la suficiente libertad de movimiento para poder maniobrar según las necesidades del trabajo a realizar…

“Por tal motivo, la silla más adecuada es una que ofrezca un buen soporte lumbar, apoyo de extremidades tanto superiores como inferiores, movilidad, altura variable y profundidad suficiente para que quepa un puño cerrado entre las rodillas y el borde de la silla”.

Una silla gastada puede provocar problemas severos en la columna vertebral, dolores de cabeza y cuello, várices, contracturas y desgastes musculares en la cadera y otras partes del cuerpo; esto solo en el aspecto físico.

Estudios recientes realizados por instituciones mexicanas dedicadas a la salud, arrojan que ha sido necesario cambiar la mayor parte de su sillería debido a que sus colaboradores han presentado malestares a un grado tal, que se ha solicitado un exceso de incapacidades.