LAS COSAS DE LA DESMEMORIA

ancianosRosa Méndez

El fantasma de la pérdida de la memoria amenaza a la gente con el paso de los años, ayuda a mantenerlo lejos leer, escuchar música, estar en contacto con las artes y aprender cosas nuevas. Se trata de actividades que fortalecen la actividad cerebral y reducen las posibilidades de sufrir el mal de Alzheimer, caracterizado por la pérdida de la memoria y de la identidad personal, explica el doctor Federico Bermúdez Rattoni, investigador del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.

Todo esto, nos explica: “No quiere decir que toda la gente que esté activa intelectualmente no va a tener Alzheimer, pero la probabilidad disminuye. Las personas que están activas intelectualmente son menos vulnerables a esa enfermedad porque tienen una memoria cognitiva, hacen ejercicio mental al leer y escuchar música”.



Su experiencia en el campo de la investigación en el desarrollo de la memoria y dos más en procesos básicos que generan la enfermedad es 30 años, lo que le permitido medir la reducción de la susceptibilidad cuando se vive con ese mal neurodegenerativo y el individuo está sometido a retos que implican obtener nueva información para conservarla en su memoria.

Bermúdez Rattoni nos cuenta: “En ratas de laboratorio hemos comprobado que cuando estos animales tienen que ejercitar constantemente su cerebro con nuevos retos de aprendizaje se vuelven menos susceptibles de padecer Alzheimer, y el desarrollo de la enfermedad es semejante en los humanos”.

Se trata de un asunto de gran relevancia, pues el investigador deja en claro que un individuo sin memoria carece de personalidad y de una historia propia.

Aprendizaje y memoria

El aprendizaje y la memoria son dos mecanismos estrechamente relacionados. El primero es la capacidad de adquirir nueva información, y la otra el proceso mediante el cual podemos recuperar esa información, explicó.

“Todo lo que somos, nuestra personalidad y comportamiento es memoria, lo que hemos aprendido a través de nuestra propia historia, modificada por el medio ambiente y por las vivencias personales”. La memoria implica una selección de información y, por ello, hay eventos, generalmente emocionales, más susceptibles de conservar en el organismo, mientras otros se olvidan fácilmente.

Existe una memoria de corto plazo, que dura horas o minutos y otra de largo plazo, que se conserva casi de forma permanente. El proceso de consolidación significa el paso del corto al largo plazo.

Antes se pensaba que la memoria de largo plazo una vez que se formaba permanecía estable, pero hemos descubierto que, al ser evocada, la memoria de largo plazo puede ser manipulada y procesada en un mecanismo de reconsolidación, lo que estamos estudiando actualmente”, señaló Bermúdez Rattoni.

En su modelo con ratas, el experto estudia los procesos neuronales que llevan a cabo esta reconformación de la memoria en el momento en que es evocada y reconsolidada. Los procesos de aprendizaje y memoria ocurren en tres regiones del cerebro: la corteza cerebral, el hipocampo y la amígdala.

“La corteza reconoce imágenes, por ejemplo, un rostro o un objeto; el hipocampo da el contexto a esa imagen y la amígdala le confiere una carga emocional a la información y la mantiene en el cerebro por mucho tiempo. El proceso ocurre en el sistema nervioso central, pero en tres estructuras diferentes y comunicadas entre sí por medio de neurotransmisores”. VIS