EL SOL BRONCEA, PERO ES UNA AMENAZA

EL SOL BRONCEA, PERO ES UNA AMENAZA

Sofía Romero

La piel es una capa natural del cuerpo humano y esta formada por sustancias como agua, proteínas, grasas y minerales que sirve de protección. Elementos que con el paso de los años, cambian para bien o para mal, pues la dermis tiene capacidad de regenerarse cada 27 días.

Para protegerla del sol es fundamental, ya que éste emite radiación ultravioleta y con el tiempo, esta exposición puede causar cambios en la piel como arrugas, descoloración, pecas, tumores benignos (no cancerosos) e incluso tumores pre malignos y cáncer.



La exposición al sol es el factor de riesgo más prevenible para la aparición del cáncer de piel. Sin embargo, es posible pasar tiempo bajo los rayos del sol y aun así disminuir el riesgo de cáncer de piel. Algunos consejos prácticos para hacerlo:

Puntos sin sombra
Los rayos del sol son más fuertes entre las 10 de la mañana y las 2 de la tarde. Si la sombra que proyectas es más pequeña que tu cuerpo, quiere decir que el Sol está en el punto más alto, por lo que debes buscar sombra.

Es recomendable usar ropa protectora como camisas con manga larga, pantalones largos, sombrero de ala ancha y lentes para sol siempre que sea posible.

Aplicar un protector solar resistente al agua y que tenga factor de protección solar (SPF) de 30 o más en toda la piel que está expuesta al sol. Los protectores de amplio espectro ofrecen protección de los rayos ultravioleta A (UVA) y de los B (UVB). Se debe reaplicar aproximadamente cada dos horas aun en días nublados, después de nadar o si se ha estado sudando.

Se debe poner especial atención al estar cerca del agua, nieve y arena. Estas superficies reflejan y magnifican los rayos del sol y aumentan las probabilidades de sufrir quemaduras.

Evitar las camas de bronceado. La luz ultravioleta que emiten puede causar cáncer y arrugas en la piel.

El factor de protección solar sirve para cuantificar la protección que un producto puede ofrecer en lo que se refiere a tiempo de exposición al sol sin sufrir quemaduras. Por lo tanto, si un protector solar en particular ofrece un SPF de 30, esto significa que la exposición al sol tendría que ser 30 veces mayor para enrojecer la piel que si no se usara.

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